Posteado por: mercefl76 | febrero 24, 2009

GOYA

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Responses

  1. Refleja una gran pasión por los toros. La gente agita sus pañuelos a causa de la buena acción del torero.Bueno merce, fué a tocarme el más dificil, a demás, se ve mal, está muy oscuro. Si no vale lo vuelvo a hacer mañana un poco mejor , que en internet encima no hay nada.Adioss.

  2. Francisco Goya, quien se considera el padre del arte moderno,empezó su carrera como artista después del barroco.Al expresar francamente sus pensamientos y creéncias como fué su costumbre, llegó ser el pionero de las tendencias nuevas que llegaron a su culminación en el siglo 19. Dos factores importantes, que dieron la impresion de ser contradictorias pero que no fueron, dominaron su arte. Juntos, representaron la reacción contra concepciones previas del arte y el deseo de encontrar una forma nueva de expresión. Para entender el alcance del arte de Goya, y para apreciar los princípios que governaron su desarollo y su tremenda versatilidad, es impresendible entender que su labor cubrió un periódo de mas de 60 anos, porque continuó dibujar y pintar hasta la edad de 82.La importancia de este factor es evidente cuando se compara su actitud hacía la vida en su juventud, cuando aceptó felízmente el mundo tal como era, durante sus años como adulto, cuando empiezó a criticarlo, y en su vejéz cuando llegó ser amargo y desilusionado con la gente y la sociedad. Además, el mundo cambió totalmente durante su vida. La sociedad, en la cual había alcanzado un éxito enorme, desapareció durante la guerra Nápoleonica. Mucho antes del fin del siglo 18, Goya ya había vuelto hacía sus ideales nuevas y las había expresado en su arte gráfica y sus nuevas pinturas. Como artista, Goya fue por temperamento lejos de las obras clásicas. Solo en algunas de sus obras llegó cerca de un estilo clásico pero, en la gran mayoría de su trabajo, el estilo “Romántico” triumfó. Nacido en Zaragoza, España, obtuvó empleo cuando era joven con el artista mediocre José Luzan, del cual aprendió dibujar y, como era de costumbre, hizó copias de las pinturas de varios maestros.
    A la edad de 17, se fué a Madrid. Su estilo fue influenciado por dos artistas que trabajaron ahi. El último de los grandes artistas Venecianos “Tiépolo “y el artista neoclásico, algo frio y eficiente, Antonio Rafael Mengs. En el ano 1763, competió en la Académia Real de San Fernando pero, en ese año y tambien en el año 1766, fracasó. En 1770, se fué a Roma y sobrevivió de sus obras de arte.
    Tanta atracción sentía Goya hacia los toros que numerosas obras de su catálogo tratan este tema. Es el caso de la serie de hojalatas que pintó durante su convalecencia entre 1792 y 1793, siendo presentadas a la Academia de San Fernando dondonde fueron muy bien recibidas por sus compañeros. Pase de capa es una de estas escenas en la que el pintor presenta a un torero ejecutando un arriesgado pase de espaldas. En un segundo plano observamos varios toros junto al picador y un miembro de la cuadrilla con un lazo en la mano, dispuesto a enganchar a algún animal. La arquitectura de la plaza cierra el espacio, dividiéndose claramente en dos zonas por efecto de la luz que impacta en los pañuelos blancos de las mujeres. Las empastadas y ligeras pinceladas dominan una composición en la que el movimiento y la tensión han sido perfectamente captados, creando Goya una iconografía taurina difícilmente olvidable.
    Bueno espero que de esta ya sea, jajaja, chaao.

  3. ·BIOGRAFIA DE GOYA
    Nadie fue más sordo que Goya al siglo XIX, pese a haber cumplido en él casi tres décadas y haber sobrevivido a sus feroces guerras. Se quedó sordo de verdad cuando amanecía la centuria, pero no ciego. Y a fuer de mirar a su aire se convirtió en un visionario. Ese hombre cabal, lúcido y baturro gestó las pesadillas que creemos tan nuestras afincado en un Versalles provinciano y en una Ilustración de pueblo. La dieciochesca, acanallada España que le tocó vivir le valió para todo y para nada. Su tozudez y brío fueron su patrimonio: con tales alforjas saltó desde su infancia hasta la infancia de las vanguardias, que en el siglo XX lo reivindicaron como maestro. Nadie se explica aún ese raro fenómeno: fue un pintor y un profeta solitario venido desde antiguo hasta ahora mismo sin pasar por la Historia.
    Francisco de Goya nació en el año 1746, en Fuendetodos, localidad de la provincia española de Zaragoza, hijo de un dorador de origen vasco, José, y de una labriega hidalga llamada Gracia Lucientes. Avecinada la familia en la capital zaragozana, entró el joven Francisco a aprender el oficio de pintor en el taller del rutinario José Luzán, donde estuvo cuatro años copiando estampas hasta que se decidió a establecerse por su cuenta y, según escribió más tarde él mismo, “pintar de mi invención”.
    A medida que fueron transcurriendo los años de su longeva vida, este “pintar de mi invención” se hizo más verdadero y más acentuado, pues sin desatender los bien remunerados encargos que le permitieron una existencia desahogada, Goya dibujó e hizo imprimir series de imágenes insólitas y caprichosas, cuyo sentido último, a menudo ambiguo, corresponde a una fantasía personalísima y a un compromiso ideológico, afín a los principios de la Ilustración, que fueron motores de una incansable sátira de las costumbres de su tiempo.
    Pero todavía antes de su viaje a Italia en 1771 su arte es balbuciente y tan poco académico que no obtiene ningún respaldo ni éxito alguno; incluso fracasó estrepitosamente en los dos concursos convocados por la Academia de San Fernando en 1763 y 1769. Las composiciones de sus pinturas se inspiraban, a través de los grabados que tenía a su alcance, en viejos maestros como Vouet, Maratta o Correggio, pero a su vuelta de Roma, escala obligada para el aprendizaje de todo artista, sufrirá una interesantísima evolución ya presente en el fresco del Pilar de Zaragoza titulado La gloria del nombre de Dios.
    Todavía en esta primera etapa, Goya se ocupa más de las francachelas nocturnas en las tascas madrileñas y de las majas resabidas y descaradas que de cuidar de su reputación profesional y apenas pinta algunos encargos que le vienen de sus amigos los Bayeu, tres hermanos pintores, Ramón, Manuel y Francisco, este último su inseparable compañero y protector, doce años mayor que él. También hermana de éstos era Josefa, con la que contrajo matrimonio en Madrid en junio de 1773, año decisivo en la vida del pintor porque en él se inaugura un nuevo período de mayor solidez y originalidad.
    ·LA FAMILIA DE CARLOS IV
    En 1800 Goya recibe el encargo de pintar un gran cuadro de la familia real, que se materializó en “La familia de Carlos IV”.
    En el gran lienzo que lleva por título “La familia de Carlos IV”, Goya pretendió evocar de algún modo “Las Meninas de Velázquez”. La primera pregunta que hay que formular cuando se observa este conocido lienzo es desde qué lugar y para quién fue concebida esta imagen que compromete e incluye al propio pintor. En cualquier caso, la técnica pictórica de Goya en este cuadro es de una perfección y riqueza excepcionales.
    La pintura presenta sombras grises y transparentes (puestas de relieve gracias a la restauración que se efectuó del lienzo) que matizan los ricos vestidos, las sedas, las joyas y los brocados centelleantes de la familia real (las damas llevan las bandas de la Orden de María Luisa y los varones la de Carlos III). Asimismo, con la restauración el lienzo recuperó la profundidad y transparencia original.
    Gracias a las cartas de la reina María Luisa de Parma a Godoy conocemos paso a paso la concepción del cuadro. Goya recibió el encargo de pintarlo cuando la Familia Real pasaba una temporada en el Palacio Real de Aranjuez. Posiblemente por su nuevo nombramiento, Goya ideó una composición similar a Las Meninas, en alusión a Velázquez, quien había ostentado el mismo cargo al servicio de Felipe IV. Así, como en Las Meninas, la familia no «posa» según los cánones de los retratos oficiales: los personajes se agrupan de manera informal, en una escena cotidiana, y observan a otro personaje fuera del encuadre. Goya, como ya hizo Velázquez, se incluye en el grupo, en un segundo plano, en actitud de pintar un cuadro de dicho personaje desconocido.
    Goya muestra a los personajes de pie, vestidos con lujosos ropajes de seda y con abundantes joyas y condecoraciones. Contemplan a alguien que posa enfrente de ellos para Goya; se supone que es Manuel Godoy, primer ministro y protegido de los reyes. Al igual que hizo Velázquez, Goya aparece junto a los reyes y demuestra su proximidad a ellos, pero ocupa un plano secundario para no acaparar protagonismo.
    Otros rasgos que recuerdan a Las meninas son la presencia de dos cuadros en la pared del fondo y el hecho de que Goya se autorretrate detrás del lienzo que pinta, en su papel de creador al servicio de los reyes.
    Goya comenzó por hacer en Aranjuez unos estudios del natural de algunos de los personajes, para servirse de ellos en el cuadro definitivo. Pintó diez bocetos individuales, de los que el Prado posee cinco.
    Parece que el cuadro definitivo no suscitó el entusiasmo de la familia real, que esperaba una pintura más grandiosa, semejante a La familia de Felipe V
    Sin embargo, no fue mal acogido y parece que sus protagonistas se vieron fielmente representados. Aunque algunos rostros poco agraciados sugieren lo contrario, se descarta que Goya se mofase de los personajes, si bien su objetividad permite juzgar a los protagonistas con sarcasmo.

  4. Bibliografía de Francisco de Goya y Lucientes

    a) Introduccion

    Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828), pintor y grabador español considerado uno de los grandes maestros de la pintura. Marcado por la obra de Velázquez, habría de influir, a su vez, en Édouard Manet, Pablo Ruiz Picasso y gran parte de la pintura contemporánea. Formado en un ambiente artístico rococó, evolucionó hacia un estilo personal y pintó cuadros que, como el famoso El 3 de mayo de 1808 en Madrid: los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío, se cuentan entre las grandes obras maestras de la historia del arte.

    b) Formación y nuevos proyectos

    Goya nació en la pequeña localidad aragonesa de Fuendetodos (cerca de Zaragoza) el 30 de marzo de 1746. Su padre era pintor y dorador de retablos y su madre descendía de una familia de la pequeña nobleza de Aragón. Poco se sabe de su niñez. Asistió a las Escuelas Pías de Zaragoza y comenzó su formación artística a los 14 años, edad a la que entró como aprendiz en el taller de José Luzán, pintor local competente aunque poco conocido, donde Goya pasó casi cuatro años. En 1763 el joven artista viajó a Madrid con la esperanza de ganar una beca de la Academia de Bellas Artes de San Fernando. En la capital de España trabó amistad con otro artista aragonés, Francisco Bayeu, pintor de la corte que trabajaba en el estilo académico introducido en España por el pintor alemán Anton Raphael Mengs. Bayeu (con cuya hermana, Josefa, se casa en 1774) tuvo una enorme influencia en la formación temprana de Goya y a él se debe que participara en un encargo importante, los frescos de la bóveda de la basílica de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza, y que se instalara más tarde en la corte.

    A finales de 1769 Goya parte hacia Italia. Su actividad durante esa época es relativamente desconocida; se sabe que pasó algunos meses en Roma y visitó Venecia, Bolonia, Génova, Módena y Ferrara, entre otras ciudades. En mayo de 1771, se presentó a un concurso convocado por la Real Academia de Parma, en el que obtuvo una mención del jurado. A su vuelta a España, se instaló en Zaragoza, donde realizó los frescos de la bóveda del coreto de la basílica de la Virgen del Pilar y las pinturas murales del oratorio del palacio de Sobradiel (1772). De 1774 son las pinturas al óleo sobre muro de la iglesia de la cartuja de Aula Dei, cerca de Zaragoza, que ya anticipan el estilo que desarrollará en los magníficos frescos de la ermita de San Antonio de la Florida en Madrid, en 1798. En esta última fecha comenzó a hacer grabados a partir de la obra de Velázquez que, junto con la de Rembrandt, sería su principal fuente de inspiración durante toda su vida.

    Hacia enero de 1775 Goya se instaló definitivamente en Madrid en casa de su cuñado, Francisco Bayeu, y comenzó a trabajar para la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara. Los cartones que realizó desde esa fecha hasta 1792 fueron muy apreciados por la visión fresca y amable que ofrecían de la vida cotidiana española. Con ellos revolucionó la industria del tapiz que, hasta ese momento, se había limitado a reproducir fielmente escenas del pintor flamenco del siglo XVII David Teniers. La mayor parte de ellos se conservan en el Museo del Prado. Entre 1780 y 1782, pintó en el Pilar de Zaragoza la bóveda Regina Martyrum, una extraordinaria obra en la que da rienda suelta a su genio pese a la censura de Bayeu y el disgusto de los miembros del cabildo.

    c) Pintor de la corte

    En 1789 fue nombrado pintor de cámara por Carlos IV y en 1799 ascendió a primer pintor de cámara junto a Mariano Maella. Goya disfrutó de una posición privilegiada en la corte, hecho que determinó que el Museo del Prado de Madrid heredara una parte muy importante de sus obras, entre las que se incluyen los retratos oficiales y los cuadros de tema histórico. Estos últimos se basan en su experiencia personal durante la guerra de la Independencia española (1808-1814) y trascienden la representación patriótica y heroica para crear una salvaje denuncia de la crueldad humana. Algunos de los retratos más hermosos que realizó de sus amigos, de personajes de la corte y de la nobleza datan de la década de 1780. Entre ellos se encuentran obras como Carlos III, cazador (1786-1788), Los duques de Osuna y sus hijos (1788), ambos en el Museo del Prado de Madrid, o el cuadro la Marquesa de Pontejos (c. 1786, Galería Nacional, Washington); en todos ellos emplea una paleta de colores muy luminosa y un estilo heredero de la pintura Velázquez. Dos de sus cuadros más famosos, obras maestras del Prado, son La maja desnuda (1800-1803) y La maja vestida (1800-1803). Del año 1800 son también La condesa de Chinchón (Museo del Prado), uno de los retratos más hermosos y delicados de la historia del arte, y La familia de Carlos IV (Museo del Prado), donde se muestra a la familia real con una sencillez y honestidad muy apartadas de la habitual idealización.

    d) Aguafuertes y pinturas posteriores

    En el invierno de 1792, durante una visita al sur de España, Goya contrajo una grave enfermedad que le dejó totalmente sordo y marcó un punto de inflexión en su expresión artística. Entre 1797 y 1799 dibujó y grabó al aguafuerte la primera de sus grandes series de grabados, Los caprichos, en los que, con profunda ironía, satiriza los defectos sociales y las supersticiones de la época. Series posteriores, como Los desastres de la guerra (Fatales consecuencias de la sangrienta guerra en España con Buonaparte y otros caprichos enfáticos, 1810) y Los disparates (1820-1823), presentan comentarios aún más cáusticos sobre los males y locuras de la humanidad.

    Los horrores de la guerra dejaron una profunda huella en Goya, que contempló personalmente las batallas entre soldados franceses y ciudadanos españoles durante los años de la ocupación napoleónica. En 1814 realizó El 2 de mayo de 1808 en Madrid: la lucha con los mamelucos y El 3 de mayo de 1808 en Madrid: los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío (ambos en el Museo del Prado). Estas pinturas reflejan el horror y el dramatismo de las brutales masacres que tuvieron lugar en Madrid durante la guerra a manos de grupos de soldados franceses y egipcios (mamelucos). Ambas están pintadas, como muchas de las últimas obras de Goya, con gruesas pinceladas de tonalidades oscuras matizadas por refinados toques de amarillo, ocre y carmín.

    e) Últimas obras

    Al finalizar la guerra de la Independencia, Vicente López fue nombrado primer pintor de cámara de la corte y Goya quedó relegado por el estilo más decorativo y amable del pintor valenciano. El descenso en el número de encargos marcó su evolución a partir de entonces. De esa época son La última comunión de san José de Calasanz (1819, iglesia de San Antón, Madrid), uno de sus principales cuadros religiosos, y la célebre serie de Pinturas negras (c. 1820, Museo del Prado), llamadas así más por su contenido que por su colorido. Originalmente estaban pintadas al fresco en los muros de la casa que Goya poseía en las afueras de Madrid y fueron pasadas a lienzo en 1873. Destacan, entre ellas, Saturno devorando a un hijo (c. 1821-1823) y Aquelarre, el gran cabrón (1821-1823). Con predominio de los tonos negros, marrones y grises, constituyen un amarga denuncia de los aspectos más oscuros del ser humano y demuestran que su temperamento era cada vez más sombrío.

    Este comportamiento se agravó a raíz de la situación política de España durante la primera etapa del reinado absolutista de Fernando VII y el Trienio Liberal (1820-1823), por lo que en 1824 decidió instalarse en Francia. En Burdeos trabajó la técnica, entonces casi desconocida, de la litografía, con la que realizó una serie de escenas taurinas consideradas entre las mejores de su género. Aunque realizó una breve visita a Madrid en 1826, murió dos años más tarde en Burdeos, en la noche del 15 al 16 de abril de 1828. Goya no dejó herederos artísticos inmediatos, pero su influencia fue crucial en los grabados y en la pintura de mediados del siglo XIX y en el arte del siglo XX.

    La vendimia o El otoño

    La vendimia o El otoño es un cuadro de Francisco de Goya que forma parte de la serie de cartones para tapices que representaban las estaciones, destinados al comedor del Príncipe del palacio de El Pardo en Madrid. Formó parte de un conjunto sobre las cuatro estaciones, tema típico del rococó, compuesto por Las floreras o la primavera, La nevada, La era o el verano y éste de La vendimia o el otoño en que se sirve de las uvas como símbolo de esta estación. Los cuatro se conservan en el Museo del Prado.

    Utiliza el recurso del esquema piramidal, muy común y apreciado en el Neoclasicismo. El paisaje parece sacado de los campos de La Rioja (España) en que se suceden escenas de recolección como ésta. El acontecimiento principal se detiene en los personajes que están en primer plano, que no son gente del pueblo sino burgueses o nobles. En primer término hay un pretil a modo de cercado y sobre él están sentados un caballero y una dama. El caballero ofrece a la mujer un racimo de uvas que ella acepta y el niño que está de espaldas y de pie alza sus brazos como si también quisiera cogerlas. En el vértice del triángulo hay una vendimiadora con un cesto lleno de racimos a la cabeza; está en actitud de espera, por si quieren coger más uvas. La cesta que lleva esta mujer está pintada como un auténtico bodegón, género tradicional en la pintura española. Más allá del pretil y en el paisaje de viña puede verse a dos vendimiadores y campesinos en pleno trabajo y a lo lejos se levanta una abrupta montaña y un cielo con nubes. El colorido es luminoso y hay un predominio de tonos delicados. A pesar de la pincelada rápida de Goya se aprecian estupendamente los cuellos y puños de los trajes, las hebillas, las medias, las fajas, y toda clase de detalles.
    Como es propio de los cartones para tapiz, se usan colores planos y vivos, dentro de campos bien delimitados.

  5. Biografía de Goya:
    Nació en España en 1746 y murió en Burdeos en el año 1828.Goya fue el artista europeo más importante de su tiempo y el que ejerció mayor influencia en la evolución posterior de la pintura, ya que sus últimas obras se consideran precursoras del impresionismo.Goya aprendió de su padre el oficio de dorador, pero decidido a dedicarse a la pintura, se trasladó a Madrid para formarse junto a Francisco Bayeu,este le proporcionó trabajo en la Real Fábrica de Tapices, para la que realizó sesenta y tres cartones, en su mayor parte con escenas idílicas y de la vida diaria, plasmadas con colores claros y vivos e impregnadas de alegría y romanticismo.Simultáneamente, Goya empezó a pintar retratos y obras religiosas que le dieron un gran prestigio,fue nombrado pintor de corte por Carlos IV.Diez años más tarde, en 1799, pintó para el soberano el famoso retrato “La familia de Carlos IV”, que se considera una de sus obras maestras. Es un retrato oficial, formal en apariencia, pero en el que el autor se permite cierta ironía al plasmar a los personajes con un realismo crítico.Por haber trabajado para José Bonaparte, el artista cayó en desgracia tras la restauración de Fernando VII, y en 1815 se retiró de la vida pública. En 1819 experimentó una recaída en la misteriosa enfermedad que en 1792 lo había dejado completamente sordo.Ello, unido a su nueva vida en soledad en la Quinta del Sordo, casa solariega que había comprado poco antes, debió de contribuir a la exacerbación imaginativa de que el artista dio muestras en la decoración de su nueva vivienda: catorce murales de gran tamaño con predominio de los tonos marrones, grises y negros, sobre temas macabros y terroríficos. Estas obras, conocidas en la actualidad como Pinturas negras, han contribuido con el paso de los años a la consolidación del reconocimiento del genio de Goya, tanto por su originalidad temática como por su técnica pictórica de pincelada amplia y suelta. El pintor se trasladó en 1824 a Burdeos, donde residió hasta su muerte sin dejar de cultivar la pintura y el grabado.

    La pradera de San Isidro:

    Es una de las obras más comentadas y valoradas de Francisco de Goya. Se trata de un boceto pintado para una serie de cartones para tapices destinados a la decoración del dormitorio de las infantas del Palacio de El Pardo. Con la muerte de Carlos III el proyecto quedó inacabado, y el cuadro, que iba a medir siete metros y medio de longitud, quedó en este delicioso apunte. El cuadrito pasó a propiedad de los duques de Osuna hasta 1896, año en que fue adquirido por el Museo del Prado.El cuadro presenta en muy pequeñas dimensiones una gran sensación de espacio.El gran protagonista de la escena es Madrid, con la silueta de sus edificios emblemáticos al fondo: el Palacio Real y San Francisco el Grande; el Manzanares, ese aprendiz de río tan querido por los madrileños; y los majos y las majas en plena diversión, celebrando el día de su santo en armonía, uniéndose la alta sociedad, con sus carruajes, y el pueblo, con sus trajes típicos.El hecho de representar tantos personajes suponía una enorme preocupación para el pintor, llegando incluso a quitarle el sueño. Algunos especialistas se basan en esta ingente cantidad de figuras para alegar que no se trata de un boceto para un cartón. La luz ha sido espléndidamente utilizada por Goya al colocar el primer plano iluminado, el segundo en semioscuridad y el fondo con una luz de atardecer que diluye el contorno de los edificios.

  6. Francisco de Goya y Lucientes (Fuendetodos, Zaragoza, 30 de marzo de 1746 – Burdeos, Francia, 15 de abril de 1828) fue un pintor y grabador español. Desarrolló un estilo que inaugura el Romanticismo. Tras un lento aprendizaje en su tierra viaja a Italia en 1770, donde traba contacto con el incipiente neoclasicismo, que adopta cuando marcha a Madrid a mediados de esa década, junto con un pintoresquismo costumbrista rococó derivado de su nuevo trabajo como pintor de cartones para los tapices de la manufactura real de Santa Bárbara. El magisterio en esta actividad y en otras relacionadas con la pintura de corte lo imponía Mengs, y el pintor español más reputado era Francisco Bayeu, que fue cuñado de Goya. Una grave enfermedad le lleva a acercarse a una pintura más creativa y original, que expresa temáticas menos amables que los modelos que había pintado para la decoración de los palacios reales. Su obra refleja el convulso periodo histórico en que vive, particularmente la Guerra de la Independencia, de la que la serie de estampas de Los desastres de la guerra es casi un reportaje moderno de las atrocidades cometidas y componen una visión exenta de heroísmo. Al final del conflicto hispano-francés pinta dos grandes cuadros a propósito de los sucesos del levantamiento del dos de mayo de 1808, que sientan un precedente tanto estético como temático para el cuadro de historia, que no solo comenta sucesos próximos a la realidad que vive el artista, sino que alcanza un mensaje universal.
    A)Descripción y ubicación
    La escena representa las diferencias que existían entre las personas en aquella época. Esto sucede en alguna montaña. Se diferencia claramente a la mujer tumbada y al adolescente que la protege del sol con un paraguas o sombrilla. Creo que Goya pudo verlos, ya que podían estar posando para este pintor tan conocido y popular.

    B)Análisis de los personajes
    En esta escena la mujer parece ser la señora y el chico su vasallo. La mujer se muestra tumbada, con un abanico y con ropas no disponibles económicamente para cualquier mujer.
    Sin embargo, el chico se muestra con ropas claramente normales, con una especie de boina en la cabeza y un parasol para proteger a su señora de los rayos solares. La luz que aparece es natural, no es producida por ningún foco o luz artificial para que Goya pudiera representarlos.
    Ha y dos grupos pequeños: la mujer y el chico. Existe una distancia temporal entre ellos, ya, que la diferencia de edad nos lo indica. La mujer parece estar mirando directamente a Goya, pero el adolescente no, mira hacia otro lado.

    C)Interpretación y contexto histórico.
    Creo que Goya pretende demostrar las diferencias sociales que predominaban en su época, y eligió las existentes entre una mujer y un adolescente. Pretende destacar más a la mujer que al niño. La escena ocurre en plena naturaleza; al fondo, aparecen ramas de los árboles, el viento que las mueve, el cielo azul cargado de nubes y, por supuesto, la luz del sol. Parece una ambiente tranquilo y acogedor.

  7. jobar ana q bien va el copiar y pegar e?

  8. eh eh qe no solo copie y pegue


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